Tierra del Fuego le debe más de $ 500 millones a Río Grande

El sábado pasado, el gobernador electo de Tierra del Fuego admitió que hace más de dos años que no habla con la actual primera mandataria. La sorpresa es que, aún pasadas las elecciones, la deuda provincial se agranda. “Busca ahogarnos financieramente, dejándole el problema al próximo intendente, Martín Pérez. Además sube el gasto público incorporando nuevos empleados y jubilados provinciales, para complicar nuestra administración futura. Rosana nunca sabe cuándo parar”, se lamentó Gustavo Melella en conversaciones privadas.

Para un municipio cuyo Presupuesto 2019 es de 3.782 millones de pesos, un atraso de $ 500 millones significa el 13% de sus recursos, o alrededor de dos meses del pago de sueldos. Esa es la situación de Río Grande, cuyo intendente -Gustavo Melella- le ganó las elecciones provinciales a la actual gobernadora -Rosana Bertone-, quien parece seguir enojada por el tema, castigando a los vecinos de la ciudad que es el 55% de la población isleña.

Tras el contundente triunfo de Melella, gracias al cual no necesitó segunda vuelta -el resultado electoral fue 51% a 38%-, se suponía que el apretón financiero de la provincia hacia el municipio iba a mermar, pero ocurrió todo lo contrario. En público, Melella cuida o retacea sus palabras. En privado, sin embargo, admite que “no sé hasta dónde quiere llegar Rosana”. Le quedó la costumbre de llamarla por el nombre de la época en la cual eran aliados políticos. Un allegado al gobernador electo efectúa todo un rosario de quejas. “Le armó a Gustavo una falsa denuncia metiéndose con su vida personal, el día de la elección prohibió subir los resultados hasta la medianoche, empezó a retrasar los pagos al municipio; ahora sigue con esto y encima compromete las cuentas de la provincia a futuro”.

Minuto de Cierre accedió al detalle de la deuda provincial con su municipio más poblado, que supera los 500 millones de pesos. Entre la coparticipación nacional y provincial que le retuvo suma $ 223 millones, se le agregan regalías, obras que pagó Río Grande con dinero que debió haber recibido de la provincia o la Nación, más deuda tributaria. Entre estos conceptos se cuenta la planta potabilizadora de Río Grande, que costó alrededor de $ 60 millones. Se debió haber pagado con fondos del Fideicomiso Austral, pero como Bertone los retuvo, terminaron saliendo de las arcas del municipio. Algo que se repitió con un natatorio que costó $ 22 millones.

Para Ushuaia, $ 750 millones que no eran obligatorios; y otros $ 20 millones a Tolhuin

De modo opuesto, pues tenía una alianza con el reelecto intendente de Ushuaia, Walter Vuoto, Bertone ya le entregó $ 750 millones a la ciudad capital que no formaban parte del presupuesto ni las obligaciones provinciales. A comienzos de este año, según reveló Minuto de Cierre con los correspondientes documentos, ya eran $ 420 millones, y aún así Vuoto dudaba si apoyar o no la candidatura de Bertone.

De la historia más reciente, se conoce el resultado pero no tanto las razones. El primero es claro: Melella obtuvo 51% de los votos contra 38% de Bertone, ganando la gobernación en primera vuelta; mientras que Vuoto logró su reelección con el 54% de los sufragios. La conclusión obvia es que mucha gente cortó boleta; la menos visible es que muchos partidarios de Vuoto también lo fueron de Melella. Bertone quiso comprar votos, pero no lo consiguió.

En su discriminación manifiesta hacia Río Grande y Melella, la actual gobernadora también favoreció a Tolhuin. Su intendente, Claudio Queno, perdió la posibilidad de ser reelecto al igual que ella. Y también con malas artes: el día de la elección mandó a cortar la luz en el municipio, para retrasar y/o evitar el resultado. Sin embargo, hace pocos días Bertone decidió que un préstamo de $ 20 millones, otorgado al municipio a fines de 2017, era en realidad un aporte no reintegrable. Es decir, le regaló ese dinero, que al momento de ser otorgado superaba el millón de dólares (la cotización de ese año cerró en $ 18,90).

El plan Bertone: dejar las cuentas provinciales en rojo

Tras el resultado de las elecciones provinciales, realizadas el 16 de junio, el municipio de Río Grande fue ganado por Martín Pérez, quien venció a Analía Cubino, la candidata de FORJA, el partido de Melella. A partir de ello, el gobernador electo decidió parar todas las licitaciones en marcha. “No tiene sentido condicionar a la próxima gestión, me parece lo más lógico y razonable”, apuntó Melella.

La actitud de Bertone fue toda la contraria. En los últimos meses, muchos empleados que tienen contratación temporaria con el gobierno provincial pasaron a planta permanente. Sin contar con las nuevas jubilaciones, algunas de ellas de privilegio. Hace algunos días, mediante una ley, le permitió a diversos empleados estatales provinciales, entre ellos bibliotecarios, jubilarse con menos años de aporte. Una paradoja del destino: Bertone comenzó su gestión cambiando el régimen jubilatorio para que la provincia gastara menos, y ahora recorre el camino inverso.

Por otra parte, entre los gastos que Bertone realiza como si fuera a gobernar 4 años más se cuenta el talado de árboles centenarios para la cuestionada Ruta Costera del Beagle. Las 22 hectáreas arrasadas, que para la gobernadora fueron sólo “22 árboles” tienen, además de la destrucción de un patrimonio natural irrecuperable, la función de seguir pagándole tramos de obra a Juan Felipe Gancedo S.A., la empresa que financió la campaña de Bertone en 2015, y probablemente también la del 2019. Aunque por la veda invernal el talado de árboles haya sido anticipado.

Mientras Bertone sigue comprometiendo las cuentas de la provincia a futuro, Melella junta documentación y bronca. La primera, para deshacer decisiones administrativas que no corresponden, y eventualmente encarar juicios contra Bertone y sus funcionarios. En cuanto a la bronca, crece desde octubre del 2018, cuando tras enviarle amenazas que no lo asustaron ni un segundo, Bertone estuvo detrás de denuncias contra Melella por acoso sexual, que judicialmente ya están muertas.

Uno de los colaboradores de mayor cercanía a Melella hace memoria. “Le mandaron a decir a Gustavo que le convenía ser senador, porque sabían que ganaba la elección a gobernador. Respondió que no le gusta usar traje, y que no podían condicionarlo porque no les debía nada. Luego lo amenazaron con denuncias personales, que finalmente llevaron a cabo”. Y concluye: “pensé que luego de las elecciones habría lugar para la reconciliación y el perdón, pero Rosana sólo tiene rencor. Peor para ella”.