Estudio revelo que 6 de cada 10 alumnos necesitaría madrugar menos para rendir mejor

Científicos demostraron que el desajuste entre el reloj biológico y la agenda escolar impacta en los aprendizajes. Proponen que las materias blandas vayan en las primeras horas. 

Científicos estadounidenses comprobaron que 6 de cada 10 alumnos necesitaría empezar al menos media hora más tarde para rendir mejor. El paper fue publicado en la revista Nature por los biólogos Benjamin Smarr, de la Universidad de California, y Aaron Schirmer, de la de Northeastern Illinois. Allí se demuestra cómo los desajustes entre el ritmo biológico de los estudiantes y su entorno –conocido en la jerga como “jet lag social”- impacta negativamente en los aprendizajes.

Hay que llamarlos como cinco veces para que despeguen el primer ojo, otras tantas para que se vistan y arranquen con el desayuno. Todavía falta media hora para que amanezca y ellos ya están sentados en sus pupitres, con los ojos semiabiertos y la mente en blanco.

Quienes sepan o hayan convivido con adolescentes saben lo que les cuesta empezar la jornada escolar de la mañana a la hora estipulada por el sistema educativo: a eso de las 7.30. En los últimos años se sumaron estudios científicos que reafirman que entrar tan temprano al aula influye en forma negativa en los rendimientos escolares.

Por eso se escuchan cada vez más voces que piden retrasar la hora de inicio, o en todo caso reorganizar el calendario escolar de modo que en las primeras horas no haya materias como matemática, física u otras ciencias duras.

El biólogo Diego Golombek representante de la Argentina dijo que “los adolescentes tienen un ritmo más nocturno y esto es biológico. Se suman los estímulos culturales que hacen que se acuesten más tarde. Por eso, estamos pidiendo que se retrase al menos media hora el inicio de la clase a la mañana”.

Golombek explica que el reloj biológico no es homogéneo. Hay personas muy matutinas (conocidos como “alondras”) y otras muy vespertinas (“búhos”). Además, todos vamos cambiando a lo largo de la vida.

Los adolescentes son los típicos búhos. En general hacen todo más tarde, se quedan mirando televisión o chateando con amigos. Pero al día siguiente las clases empiezan muy temprano y en las primeras horas están literalmente dormidos, y acumulan una deuda de sueño que hace que haya más ausentismo, se enfermen más y tengan menor rendimiento académico”, dice Golombek.