Literatura para niños: recomendaciones para los mas pequeños

"Ushuaia brinda muchas posibilidades para leer".

En una época en que la literatura parece disputarse con los dispositivos digitales la atención de los más pequeños, el rol de los bibliotecarios y docentes es fundamental para fomentar la lectura en niños.

“Estoy buscando libros para chicos”, dice una maestra de primer grado en una librería de Ushuaia en pleno enero. A pesar de que el ciclo lectivo comienza en dos meses, ella busca material para complementar las lecturas que recomienda el programa del colegio.

Sabe que el suyo es un trabajo que vale la pena, porque los chicos leen. Suena obvio, pero no lo es en una época en que la literatura parece disputarse con los dispositivos digitales la atención de los más pequeños.

“El libro no compite con los dispositivos digitales, nunca se va a comparar con una pantalla la posibilidad de tocar, mirar y oler el libro”, dice Ayelén Oyarzún, librera de Ushuaia Libros, y agrega: “de hecho, hay chicos y adolescentes que buscan en el celular los libros que quieran y vienen a consultar si los tenemos; el celular es un medio para llegar al libro”. Entre los favoritos de Oyarzún se encuentran “Cuidado con el perro!”, de Liliana Cinetto, y la colección Torre de Papel de la editorial Norma, que ofrece libros con historias en las que subyacen temáticas como el bullying, el cuidado del medioambiente y la violencia de género, entre otros.

Los factores más influyentes para el desarrollo de la lectura en el niño es el docente y la familia. Hay escuelas que tienen proyectos literarios específicos, como la escuela 13 y la Feria del Libro. La escuela 34 hace Papirogenios, una actividad que consiste en que cada año los alumnos eligen un autor, trabajan sobre él y luego reparten por las escuelas hojas con actividades relacionadas a los libros que leyeron. La escuela 41 incluyó un proyecto de lectura que invita a adultos a leer cuentos una vez por semana para los alumnos. Las políticas de promoción de lectura en colegios primarios no son generales sino que dependen del establecimiento, y aún más del docente.

“A causa de la cuestión climática, Ushuaia brinda muchas posibilidades para leer”, explica Belén Capdevila, autora de “Huillín” y “En un lugar llamado invierno”. En este sentido, la autora coincide en que el rol de los bibliotecarios y docentes es fundamental para fomentar la lectura en niños y saber qué material proponer de acuerdo a las edades e intereses de quienes leen.

“Si uno pone en sus manos el libro adecuado, los chicos se enganchan con la lectura”, dice Capdevila, y agrega que: “los chicos son lectores muy exigentes. Si no les gusta un libro te lo tiran por la cabeza, no tienen filtro”.

Las lecturas ya no se limitan historias clásicas como los cuentos de hadas, sino que se extienden a otras temáticas y estilos. Los libros contemporáneos pueden ofrecer temas más actuales, como el feminismo y la disolución de estereotipos. Ejemplo de ello son títulos como: “Las chicas son de ciencias: 25 científicas que cambiaron el mundo”, o “Cuentos de Buenas Noches para Niñas Rebeldes”, que cuentan con la premisa de que los roles sociales son construidos y reforzados desde la niñez.

Literatura regional

Los libros infantiles pueden ser una buena herramienta para construir una identidad local. Tanto mostrando fauna y flora como tratando hechos históricos de nuestra provincia, las obras pueden escapar a los escenarios tradicionales, que por lo general corresponden a épocas medievales y realidades lejanas.

Cuando se mudó a Ushuaia, Capdevila vio que había pocos libros para niños que trabajaran con el imaginario local. A pesar de que nunca había escrito historias para chicos, escribió “Huillín”, un libro que tiene como protagonista al animal local del mismo nombre que se encuentra en peligro de extinción. Luego escribió El petisito, la historia de un duende que se come los calafates de la familia. “Al contrario de lo que se podría creer, a los chicos les gusta leer contenido con fauna y flora locales porque es una realidad cercana para ellos”.

En septiembre pasado, la Editora Cultural de Tierra del Fuego publicó “En un lugar llamado invierno”, escrito por Capdevila y Mariano Melidonde. La historia versa sobre una paloma que llegaba a la Isla diciendo que hay un lugar mejor, más limpio, más blanco. A pesar de que nadie le creía, Lobo le creyó y salió a buscar ese lugar, que no era otro que la Antártida.

Otro caso es el de Claudio Garbolino, excombatiente de Malvinas que escribió “Pipino el pingüino, el monstruo y las islas Malvinas”. Es el único libro infantil que recrea el conflicto de las islas y reflexiona sobre la paz, la soberanía y la amistad. La historia trata de un pingüino que vive en el archipiélago argentino y de pronto se ve invadido por un monstruo pirata. Entonces, junto a varios amigos animales, intenta que el usurpador deje las islas y pide que le griten que las islas Malvinas son y serán argentinas.

“Los libros para chicos son una buena forma de educar, de enseñarles a los chicos a perseguir sus sueños, y que, como en el caso de Lobo y la Antártida, siempre se puede buscar un lugar mejor”, concluye Oyarzún.