Sojware, ¿la industria del nuevo milenio?

Adrián Ramos, economista.

Es la combinación de camiones de soja y de bits para ampliar exportaciones. Un estudio marca la limitada vinculación del software con las actividades productivas.

Al calor de la montaña rusa que se vive con el tipo de cambio y puestos a analizar cómo se pueden fabricar dólares, en el CECE ( Centro de Estudios para el Cambio Estructural) acuñaron el término Sojware. Es la combinación de camiones de soja y de bits, para poner en marcha las exportaciones. Los respetados economistas Adrián Ramos y Andrés López estudiaron la industria del software, ahora que el Congreso, con apoyo de todos los bloques, pese al año electoral; transformará en ley un marco estable de reglas de juego para la economía del conocimiento.

Claro que esa anhelada combinación de soja y de bits es más profunda. Escriben Ramos y López: “Argentina todavía está lejos de aprovechar las oportunidades de generar plataformas con proyección internacional de proveedores de servicios conocimiento-intensivos en cadenas basadas en recursos naturales. Lo han hecho Australia, Canadá, Noruega y Chile los intenta imitar. Esto vale no sólo para el área agrícola-ganadera, sino también en minería y petróleo”. Decididamente, hay oportunidades de innovación y sin embargo las vinculaciones del software con el resto de la economía local son limitadas y se concentran en el abastecimiento de gestión y servicios relativamente rutinarios.

El software cuenta desde 2004 con un régimen de estímulos fiscales que ahora se amplía y que en 2018 tuvo un costo fiscal de $ 1.050 millones. Parece nimio si se considera su notable desempeño al contabilizar 5.000 empresas, emplear cerca de 100 mil personas en blanco y generar exportaciones por US$ 2.000 millones. El conjunto de la industria del conocimiento araña los US$ 6.000 millones.

En el trabajo de Ramos y López se enumera la disponibilidad de capital humano calificado, el atractivo del país para que varias multinacionales comenzaran a desarrollar localmente y exportar servicios informáticos, las capacidades empresariales domésticas que hicieron posible no solo la emergencia de varios “unicornios” sino también de un buen número de firmas medianas competitivas. “Esto permitió el aprovechamiento de las oportunidades en el mercado internacional que creció a US$ 381 mil millones”.

Por cierto, la actividad está muy concentrada en pocos distritos, la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. De acuerdo a los autores, el 64% del personal de este sector tiene formación universitaria pero 40% no ha finalizado sus estudios. La tasa del rotación llega a 27% y la de desvinculación al 25%. “Son cifras elevadas en comparación con el resto de la economía, que se explican, entre otros factores, por la fuerte competencia por recursos humanos”. Eso sí, la facturación promedio por empleado de las empresas de software se ubicó en torno a los US$ 40 mil en 2017, mucho más elevada que en otros rubros. El grueso de las exportaciones tienen como destino EE.UU, “por la presencia de diversas multinacionales de ese origen y por el huso horario similar y las mayores afinidades culturales con Argentina en comparación con competidores como India”.

-¿Cómo les impacta la devaluación?

-Negativamente, reduciendo ventas, alargando las cadenas de pago y generando volatilidad y caída de los proyectos. En cuanto a la oportunidad que la devaluación brinda para exportar, las estrategias para ingresar a los mercados son de largo plazo, y no pueden basarse en conductas oportunistas, sino en base a conseguir una inserción que no sea monocliente ni monoservicio. Pero hay otras firmas exportadoras de servicios menos sofisticados. El commodity de la actividad es la línea de código, donde la hora de programación se cotiza entre US$ 18 y US$ 33, pudiendo llegar a US$ 60 si son desarrollos más complejos. En ese contexto, la devaluación se traduce en mayor competitividad vía reducción de salarios en dólares.