
Alemania enfrenta una nueva presión energética tras el aumento del precio del gas, que actualmente se encuentra en niveles muy superiores a los registrados en 2020, en medio de la reducción del suministro proveniente de Rusia y la inestabilidad internacional.
Según medios alemanes, el gas importado costaba alrededor de 12 euros por megavatio-hora en la frontera alemana durante 2020, cuando una parte importante del abastecimiento provenía de Rusia. En la actualidad, el precio europeo supera los 60 euros por megavatio-hora, mientras que antes del inicio de la escalada en Oriente Medio se ubicaba cerca de los 31 euros.
El canciller alemán, Friedrich Merz, reconoció que la falta de suministro de gas ruso generó una crisis energética prolongada para el país.
Actualmente, Alemania recibe la mayor parte del gas desde Noruega, que concentra cerca del 44% de los envíos. También participan Países Bajos, con alrededor del 24%, y Bélgica, con el 21%. En tanto, el gas natural licuado (GNL) representa poco más del 10% del total importado a través de terminales ubicadas en el mar del Norte y el mar Báltico.
El incremento de los precios energéticos benefició a empresas proveedoras como la noruega Equinor, que registró un fuerte aumento en sus ganancias durante el segundo trimestre de 2026, pese a que su producción de gas tuvo un crecimiento menor en comparación con el mismo período del año anterior.
Especialistas citados por medios alemanes señalan que, a corto plazo, el país no cuenta con una alternativa más económica, debido a que los gasoductos noruegos funcionan cerca de su máxima capacidad y los precios se determinan principalmente en los mercados internacionales.
La crisis energética se suma a un período de estancamiento económico en Alemania, donde los altos costos de la energía continúan siendo uno de los factores que afectan la actividad industrial y el crecimiento del país.


