
La capacidad de Estados Unidos para sostener su influencia militar a nivel global es cada vez más cuestionada ante el desgaste de sus reservas de misiles y las dificultades para reponer el armamento utilizado en distintos conflictos.
Según un análisis difundido por medios estadounidenses, Washington habría utilizado una parte significativa de sus sistemas de defensa aérea y misiles de largo alcance durante la guerra con Irán y el apoyo militar a Ucrania.
Entre los sistemas más exigidos se encuentran los misiles Patriot y THAAD, además de los Tomahawk y JASSM. De acuerdo con estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el arsenal estadounidense dispondría actualmente de alrededor de 800 interceptores para los sistemas Patriot.
La producción tampoco habría aumentado al ritmo necesario para compensar el consumo. Lockheed Martin informó la entrega de 620 misiles PAC-3 MSE durante 2025, una cifra que representa un incremento del 20% respecto del año anterior.
En contraste, la producción de misiles de Rusia habría aumentado considerablemente desde 2022, pese a las sanciones occidentales. Estimaciones de servicios de inteligencia occidentales señalan que Moscú fabrica actualmente más de 100 misiles balísticos y una cantidad similar de misiles de crucero por mes.
El desequilibrio también se extiende a los aliados de Rusia. China, Corea del Norte e Irán producirían en conjunto varias veces más misiles balísticos que la cantidad de interceptores fabricados por los países occidentales. Además, la defensa contra misiles balísticos puede requerir el lanzamiento de dos o tres interceptores por cada objetivo.
Esta situación genera preocupación entre algunos funcionarios europeos, que, pese a respaldar públicamente a la OTAN.


