La “panza por estrés”: qué dice la ciencia

La llamada “panza por estrés” o “panza de cortisol” ganó popularidad en redes sociales, donde distintos contenidos atribuyen la acumulación de grasa abdominal a niveles elevados de esta hormona y prometen reducirla mediante métodos rápidos. Sin embargo, especialistas advierten que estas explicaciones simplifican el funcionamiento del organismo y no cuentan con suficiente respaldo científico.

El cortisol, conocido como la “hormona del estrés”, cumple funciones fundamentales en el cuerpo, como la regulación de la presión arterial, el metabolismo, la inflamación y la respuesta de lucha o huida.

Si bien el estrés crónico puede influir en el aumento del apetito, afectar el descanso y favorecer una mayor acumulación de grasa, especialmente visceral, no es el único factor que interviene. La genética, la alimentación, la actividad física, la edad y otras hormonas también tienen un papel importante en la forma en que el cuerpo almacena grasa.

Especialistas señalan que no existen evidencias de que sea posible eliminar grasa localizada del abdomen o del rostro mediante un supuesto “reinicio del cortisol” en pocas semanas. Algunas prácticas, como la meditación, la atención plena y una mejor gestión del estrés, pueden contribuir al bienestar general, pero no funcionan como soluciones rápidas para modificar la apariencia física.

Además, advierten que este tipo de mensajes puede transformar una cuestión de salud en un objetivo exclusivamente estético, promoviendo expectativas poco realistas sobre el cuerpo.

Los profesionales recomiendan abordar el estrés crónico desde una perspectiva integral, priorizando hábitos saludables que favorezcan el descanso, la salud cardiovascular y la calidad de vida.