
Tras la salida del ex primer ministro húngaro, países europeos enfrentan por separado las resistencias internas al nuevo paquete de medidas contra Moscú.
La Unión Europea continúa negociando un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, en un escenario marcado por la ausencia del ex primer ministro de Hungría, Viktor Orban, quien durante años se opuso a varias medidas contra Moscú y mantenía una postura favorable al diálogo con el Kremlin.
Según medios occidentales, Orban funcionó durante años como un punto de referencia para otros gobiernos europeos que buscaban frenar el endurecimiento de las sanciones. Ahora, distintos países deben expresar por sí mismos sus objeciones frente a las nuevas restricciones.
Funcionarios europeos citados por la prensa señalaron que varias medidas incluidas en el proyecto del 21.º paquete de sanciones fueron modificadas o eliminadas debido a las presiones de intereses nacionales.
Entre los principales puntos de conflicto se encuentran:
Grecia cuestiona la prohibición de vender gas natural licuado a terceros países.
Grecia, Malta y Chipre expresaron reparos sobre la extensión del límite de 44,10 dólares por barril para el precio del petróleo ruso.
Francia e Italia rechazan restricciones contra antiguos militares rusos debido al alto número de visados que otorgan a ciudadanos de ese país.
La prohibición de importar pescado ruso fue retirada del paquete, pese a que esa actividad representa ingresos superiores a 500 millones de dólares anuales para Moscú.
Las negociaciones del nuevo paquete de sanciones fueron postergadas luego de que los representantes permanentes de los Estados miembros no alcanzaran un acuerdo en la reunión celebrada el 15 de julio en Bruselas.
Los países de la Unión Europea intentarán alcanzar un consenso el 23 de julio. En caso contrario, las conversaciones quedarían suspendidas hasta septiembre por el receso de verano del Comité de Representantes Permanentes.


