
El estrecho de Bab el Mandeb, una de las principales rutas marítimas entre Asia, África y Europa, tiene una importancia estratégica que va mucho más allá del transporte de petróleo y mercancías. Por sus aguas también pasan cables submarinos de fibra óptica que sostienen una parte significativa del tráfico mundial de Internet.
La creciente tensión militar en torno al mar Rojo y Yemen volvió a poner el foco sobre esta infraestructura crítica. La actividad de Ansaralá, conocido habitualmente como movimiento hutí, y la participación de distintos actores regionales incrementaron la preocupación por la seguridad de las rutas marítimas y de las conexiones submarinas.
Un punto crítico para Internet
Los cables submarinos son fundamentales para las comunicaciones internacionales. De acuerdo con datos citados por Arabian Gulf Business Insight, 17 sistemas de cables atraviesan el mar Rojo y facilitan una parte importante del intercambio de datos entre Asia, África y Europa.
La ruta de estas conexiones parte de distintas estaciones de aterrizaje ubicadas en la costa egipcia, atraviesa el mar Rojo y continúa por el estrecho de Bab el Mandeb hacia el océano Índico y el golfo Pérsico.
Esta configuración convierte al estrecho en un potencial “punto de estrangulamiento digital”: cualquier interrupción significativa podría afectar las comunicaciones entre regiones que dependen de estas conexiones.
Según datos de MAPPR citados en la nota, en julio de 2026 existían 694 sistemas de cables submarinos y 1.893 estaciones de aterrizaje en todo el mundo. La infraestructura terrestre y submarina continúa siendo, además, muy superior a los sistemas satelitales en cuanto al volumen de tráfico intercontinental transportado.
Antecedentes de interrupciones
La seguridad de los cables del mar Rojo ya había generado preocupación durante los últimos años. En 2024 se registraron daños en distintos cables de la región que provocaron interrupciones en las comunicaciones entre Asia, Oriente Medio y Europa.
En aquel momento surgieron acusaciones que vinculaban los daños con los hutíes, en el contexto de sus ataques contra embarcaciones en el mar Rojo. El movimiento yemení negó responsabilidad por las roturas.
El episodio puso de manifiesto la vulnerabilidad de una infraestructura que, aunque permanece fuera de la atención cotidiana, resulta esencial para las comunicaciones, las operaciones financieras y numerosos servicios digitales.
La conexión con el golfo Pérsico
La importancia estratégica de los cables no se limita al mar Rojo. Parte de estas conexiones continúa hacia el océano Índico y el golfo Pérsico, una región que concentra importantes centros financieros, tecnológicos y energéticos.
El estrecho de Ormuz también constituye un punto estratégico para las comunicaciones digitales, aunque su participación en el tráfico mundial de Internet es considerablemente menor que la del mar Rojo.
Una interrupción deliberada o accidental de estas conexiones podría afectar servicios financieros, centros de datos y operaciones de empresas y gobiernos de la región.
La creciente militarización del mar Rojo y del golfo Pérsico plantea así un escenario en el que los cables submarinos adquieren una relevancia cada vez mayor. Por ahora, la llamada “guerra de los cables” continúa siendo una posibilidad, pero la vulnerabilidad de esta infraestructura ya forma parte de las preocupaciones estratégicas internacionales.


