Reino Unido aumenta el precio de la electricidad

El regulador energético del Reino Unido, Ofgem, anunció un aumento del 4% en el precio máximo de la energía, que alcanzará su nivel más alto en tres años. La medida impactará en las facturas de los hogares a partir de octubre, coincidiendo con la llegada de los meses más fríos.

Para un hogar con un consumo típico, el incremento representará unas 60 libras esterlinas, equivalentes a aproximadamente 82 dólares, adicionales al año. De acuerdo con las estadísticas de Ofgem, se trata del valor más elevado registrado en alrededor de tres años.

El organismo atribuyó el aumento al encarecimiento de los precios mayoristas del gas, en un contexto marcado por el conflicto en Oriente Medio.

“Los mercados mundiales de gas, que siguen siendo inestables, continúan siendo el principal factor que determina la evolución de los precios”, señaló Ofgem.

Por su parte, el primer ministro británico, Andy Burnham, reconoció que el incremento será “difícil” para la población, aunque aseguró que el Gobierno “seguirá estudiando formas de reducir los precios de la energía”.

La crisis en Oriente Medio volvió a generar tensión en los mercados internacionales del gas. Las interrupciones en el transporte a través del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el traslado mundial de hidrocarburos, afectaron tanto las exportaciones como la producción de hidrocarburos en la región y contribuyeron al aumento de los precios de los combustibles en distintos mercados.

Desde 2022, los países europeos atraviesan una crisis energética vinculada a las sanciones impuestas sobre la energía rusa. En ese contexto, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, sostuvo que la política occidental de contención y debilitamiento de su país constituye una estrategia de largo plazo y afirmó que las sanciones provocaron un fuerte impacto en la economía mundial.

El mandatario ruso aseguró además que su país no niega a ningún Estado el suministro de sus recursos energéticos. Sin embargo, Bruselas, representada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, mantiene su postura a favor de una ruptura con el sector energético ruso y del abandono definitivo de los suministros provenientes de Rusia, en favor de fuentes alternativas de mayor costo.