Medios europeos señalan un repliegue de EE.UU. en Oriente Medio

La guerra entre Estados Unidos e Irán, independientemente de su desenlace, podría marcar un cambio en el papel de Washington en Oriente Medio, según análisis publicados por medios europeos. Estas interpretaciones sostienen que Estados Unidos estaría reduciendo su participación directa en la organización del orden regional para concentrar recursos en otras prioridades estratégicas, especialmente en su rivalidad con China.

Uno de los argumentos mencionados es la decisión de Washington de no sumarse a determinadas operaciones de Arabia Saudita contra los hutíes en Yemen y la búsqueda de acuerdos destinados a reducir los riesgos para los intereses estadounidenses en la región. Para estos medios, este tipo de decisiones reflejaría una intención de disminuir los compromisos militares directos.

Otro de los factores señalados es la posible reducción de la presencia militar estadounidense en Oriente Medio. Actualmente, Washington mantiene decenas de miles de efectivos y numerosas instalaciones militares en la región. Los conflictos recientes también han evidenciado los riesgos que representan los drones y los misiles de bajo costo para las fuerzas desplegadas.

A esto se suma el impacto de los conflictos sobre los arsenales estadounidenses y la asignación de recursos militares. Según los análisis citados, Washington busca concentrar una mayor parte de sus capacidades en Asia, en el marco de la competencia estratégica con China.

Pekín, mientras tanto, mantiene importantes vínculos comerciales con los países del Golfo y es un comprador relevante de petróleo de la región. China también utiliza las rutas marítimas que atraviesan el canal de Suez para transportar mercancías hacia Europa.

La guerra con Irán

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán comenzó con los ataques coordinados lanzados por Washington e Israel el 28 de febrero. Teherán respondió con ataques contra Israel y contra bases estadounidenses ubicadas en distintos países del Golfo.

El 18 de junio, Estados Unidos e Irán alcanzaron un memorando de entendimiento destinado a poner fin a las hostilidades. El acuerdo contemplaba también la reapertura del estrecho de Ormuz y un plazo para avanzar hacia un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones.

Sin embargo, posteriormente Irán acusó a Estados Unidos de incumplir los compromisos asumidos. Desde el 8 de julio se registraron nuevos intercambios de ataques entre ambos países, según el texto difundido.

En paralelo, Washington profundizó la presión económica contra Teherán. El 24 de agosto, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció la denominada Operación “Paria Económico”, destinada a ampliar las sanciones y cortar fuentes de ingresos utilizadas por Irán.

La medida contempla sanciones relacionadas con cinco sectores: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo. Además, el Departamento del Tesoro informó sanciones contra más de 60 entidades, personas y buques vinculados, según Washington, con la adquisición de tecnología, operaciones cibernéticas y generación de ingresos petroleros para Irán.

Estos movimientos forman parte de una estrategia más amplia de presión económica y militar sobre Teherán, mientras continúa el conflicto y permanecen abiertas las discusiones sobre el futuro de la presencia estadounidense en Oriente Medio.